La única manera de saber con seguridad si tienes el VIH es hacerte una prueba de detección del virus. No podrás saber tu estado serológico con certeza solo por cómo te sientes, ya que la mayoría de las personas que viven con el VIH no presentan síntomas durante años. De la semana dos a la semana cuatro después de haber estado expuesto al virus, se pueden presentar síntomas como fiebre, dolor de cabeza o erupción cutánea. Sin embargo, estos síntomas se pueden confundir fácilmente con los de cualquier otra infección. Por ello, es recomendable que te hagas la prueba con regularidad, si tienes una vida sexual activa.

Además, hay algunas prácticas consideradas de riesgo, como tener sexo sin protección sin conocer el estatus serológico de tu pareja o compartir agujas con alguien (para inyectarte, hacerte perforaciones en el cuerpo o tatuajes). En caso de que hayas practicado alguna de ellas, puedes haber estado expuesto al VIH con mayor probabilidad.

Por lo general, el cuerpo tarda entre tres y seis meses en fabricar suficiente cantidad de anticuerpos (defensas contra el VIH) como para que puedan detectarse en una prueba. Este periodo durante el que no se detecta el virus a pesar de estar presente en nuestro cuerpo se denomina periodo ventana. Si nos hacemos la prueba durante este tiempo, es posible que salga negativa, aun cuando estemos viviendo con el VIH. En caso de que nuestro estatus sea VIH-positivo, no lo sepamos y, por tanto, no recibamos tratamiento antirretroviral, el virus continuará reproduciéndose sin presentar síntomas. Poco a poco, nuestro sistema inmune se irá debilitando, hasta evolucionar al SIDA, en un lapso aproximado de diez años o más.

En este caso, los síntomas sí son identificables. Según el portal Tua Saúde, los síntomas del SIDA son:

  • Fiebre persistente;
  • Tos seca prolongada y garganta irritada;
  • Sudores nocturnos;
  • La presencia de aftas que no se curan con facilidad;
  • Hinchazón de los ganglios linfáticos durante más de 3 meses;
  • Dolor de cabeza y dificultad de concentración;
  • Dolor en los músculos y en las articulaciones;
  • Cansancio, fatiga y pérdida de energía;
  • Pérdida rápida de peso;
  • Candidiasis oral o genital que no se cura;
  • Diarrea durante más de una semana;
  • Náuseas y vómitos;
  • Manchas rojizas, marrones o rosadas y pequeños puntitos rojos o heridas en la piel.
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Acércate siempre a un médico para más información.
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